Tranquila galopabas cuando ibas de mi mano
fugaz como la brisa que sopla cada tarde
y que hoy, al verte lejos, bajo este cielo que arde
entiendo que tus riendas te llevan a un pantano.
Te quise tanto como no pude haber querido
a nadie y este otoño que viene tan temprano
traerá mis hojas mustias y no ha de ser en vano
que intente nuevamente este amor como castigo.
Castigo, de qué culpa, pregunto cada día,
si sé que tú mirabas constante al otro lado
y aquí mis ojos tristes y de mirar cansado
lloraban al sentir que era ajena tu alegría.
Mañana tal vez pienses, al ver en tu ventana
que nace el nuevo día como hace cada día
y que a pesar de ver los colores de otro día
será siempre distinta la luz de su mañana.
Por eso yo te espero paciente tantas tardes
y sé que habrá ese día en que estando ya cansada
vendrás trotando al paso a mi mano un tanto ajada
que espera en su impaciencia tu amor. Amor, no tardes.
Vestimenta de campanas
Hace 3 horas


