POEMARIO DE CALVARED

Poemas inéditos de Carlos Danoz
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martes, 1 de enero de 2008

HOY QUISIERA COMULGAR CON ALEGRÍAS


Hoy quisiera comulgar con alegrías,

escuchando ruiseñores mañaneros,

mas solo oigo los silencios tempraneros

y este cáliz solo tiene sangre mía.


Me recorren hoy la espalda, los temores,

como espinos con los pinchos de la duda

y las gotas de mi sangre, por menudas,

tejerán parterres granas de mil flores.


No hallo lágrimas que puedan mitigar

estas noches de la oscura incertidumbre

ni hallo lámpara que, hoy día, aquí me alumbre

donde vine este amor a mendigar.


Se troncharon los claveles y las rosas

y sus pétalos sembraron mi amargura

con las manchas encarnadas de locura

que tapizan estas horas dolorosas.


Hoy sangrante, el corazón pierde la vida,

que va en goteos a lo largo del sendero

y hace rastros que bordean mis linderos

recordándome lo abierta que es mi herida.


No he de hallarte, estoy seguro, vida mía,

y sentado en mi ventana sin cristales,

meditando en este amor hecho retales,

moriré poquito a poco cada día.


CON UN COLLAR DE LAGRIMAS


Con un collar de lágrimas al cuello

arrastro, en mi cadena de fantasma,

la herida que infringiste tú en mi alma,

punzado desamor a mi resuello.


Camino tambaleando mi cordura,

de espinas que me sangran los talones,

marchito de quimeras e ilusiones

que huyeron de mi vida con premura.


Ayeres de felices planes nuevos

se hundieron en océanos rabiosos

e inmersos, en sus fauces sin reposo,

quedaron en futuros planes muertos.


Abierto el corazón llevo en la mano

sangrante de claveles moribundos,

buscando, en desespero, por el mundo

tu estela que se aparta de mi lado.

ESTOY LLORANDO

Estoy llorando.

Mi corazón escribe,

con la sangre de su herida,

y mis lágrimas la extienden

como pétalos grotescos.

Versos de sangre en un borrón

que corroen , granates, las fibras del papel…


Estoy llorando.

Mi impotencia incapacita mi pluma

y mis versos nacen mustios,

perdidos entre mis contradicciones.

Lágrima a lágrima

mis ojos turbios se deslizan

por un caleidoscopio de tristezas

para hallarte a ti, allá perdida.


Estoy llorando.

Y mis lágrimas de humilde hechura

ruedan cara abajo arrastrando sal y duelo

en busca de un país desconocido.

Pasará el momento

y no harán siquiera barro.

Pasará el momento

y huérfanas de destino se perderán

entre mis pies sin lograr hallar tu estela.

Por eso estoy llorando.

NADAL


Nadal
Nadal que che fuches
por onde viñeches
e da mesma xeito,
en silencio
sen chirimías nin gaitas,
sen panxoliñas,
sen nenos.



Nadal que che fuches

por eses montes
que non vestiron de armiño
para recibirche
que perderon as pellizas de carballo,
que xa non levan fentos baixo as solapas
e que dormen sen as mantas
tecidas de piñeiral
entre agullas e carqueixas.


Nadal que che fuches
por eses montes espidos
de toda roupa,
que ensinan as súas impúdicas carnes
de pedra branca
e que tiritan cada mañá
cos lloros da xeada.
Nin sequera pasaron as nubes
para despedirche, entre choros
como quen despide a un fillo por un ano.


Nadal, Nadal,
aquí estaremos cando volvas

sábado, 15 de diciembre de 2007

AL PASAR POR EL CEMENTERIO


Me llamó, al pasar, la herrumbre,

de la puerta, entre cipreses…

¡Cuánto abandono en la vida!

¡Cuánto abandono en la muerte!


Lápidas de silencio gritan,

ancladas en musgo verde…

¡Cuánto abandono en la vida!

¡Cuánto abandono en la muerte!


Sobre las tumbas del suelo

las hierbas nacen y crecen…

¡Cuánto abandono en la vida!

¡Cuánto abandono en la muerte!


Y el día en que yo me muera,

me moriré de no verte,

abandonando mi vida,

y abandonado en mi muerte.

FRIO


Afuera el frío se clava

con garras sobre la tierra

y deja lágrimas blancas

cogidas sobre la hierba.


Consigo trae de la mano

la soledad de la piedra

y acordes de una campana

que brotan desde la iglesia.


Las calles, sin sol, vacías,

arrastran lodo desiertas

y pasan de casa en casa

buscando una puerta abierta.


Un viento norteño silba,

camino de la alameda

callando el rumor del agua

del caño que cristalea.


Los tilos, que hoy van desnudos,

caminan por las aceras

en busca de algún abrigo

que afuera las horas hielan.


Hoy ni ladridos ni perros,

ni trinos en la arboleda,

no suena ni un solo paso

porque hoy ya nadie pasea.


¡Qué tristes son las mañanas

que lucen esta tristeza!

¡Qué tristes los cielos grises

sin lunas y sin estrellas!

CUANDO YO CIERRE MIS OJOS



Cuando yo cierre los ojos

quiero tenerte presente,

quiero que tomes mi mano

cuando me llegue la muerte.


Niña, que como te quiero,

nadie ha podido quererte

y ello provoca mi miedo,

miedo, de pronto, a perderte.


Quiero que cuando me muera

tomes mi mano y la beses

quiero dejar en tus labios

mi corazón para siempre.


Y ha de rezar mi epitafio:

“Hoy, este niño, está ausente,

porque esta losa tan fría

le está impidiendo quererte”