Cerré la ventana al día
y abrí la puerta a las sombras
de la temida noche.
Sentí el aroma del café
entre tus labios,
el latido galopando
sobre tu pecho ardiente,
provocadora fruta,
y la miel de tus ojos dulces
vistiendo de miradas
mi desnudo cuerpo.
Sentí tus dedos
caminando
mis recónditos deseos,
explorando sueños imposibles
y escribiendo aquel poema
que encendió mi piel.
Sentí tus labios,
odalisca de opulento ensueño,
posarse sobre el poro abierto
de mi amor cautivo.
Sentí perderme
en ti,
en tus senderos imposibles,
en la cegadora luz
que de ti manaba.
Sentí pegarte a mi
como segunda piel,
erizando mi pasión oculta
y enlazando mi timidez yacente
con un manto de oro y fuego.
Sentí como al final te fuiste
entre las sombras
de la temida noche
dejándome el sabor de tu recuerdo
vertido entre el aroma de un café.
Vestimenta de campanas
Hace 3 horas


